12.7.11

"El Ego no es sonso"

por Claudia Santalla


Recibí un artículo del Dr. Nacach en el que relata la situación de uno de sus pacientes, aquejado de severas patologías, quien a pesar de conocer los diagnósticos, minimizaba con algunos recursos el riesgo de vida en el que se ponía a sí mismo, continunado con el descuido esmerado hacia su saludo.

Hacia el final del artículo, Nacach utiliza la retórica para cuestionar al lector:

"¿Cuántos de nosotros nos vemos envueltos en una vorágine diaria que nos pone anteojeras, y nos nubla la mirada para diferenciar lo importante de lo imprescindible?.

¿ A cuántos más el agotamiento energético , nos sofoca la chispa capaz de encender la llama de una vida más sana y por ende mejor vivida?".

Este texto hizo eco en mí, porque pocas horas antes, había estado cuestionándome una situación propia que va por carriles vecinos.

Mientras leía el escrito de Nacach, recordaba lo que tantas veces leí en la Biblia, y que justamente anoche, volví a leer y resignifiqué, al abrirla al azar, como casi todas las noches.

Había estado pensando minutos antes, en todos los sacrificios que hago diariamente para mi seguridad y la de mi familia, y que a pesar de todo, sólo consigo crear una burbuja. Una situación totalmente vulnerable y efímera, que cada día reclama más esfuerzos para ser sostenida. Y para peor, la felicidad siempre parece más lejos.

Es claro que no me refiero sólo a lo material, sino a la felicidad que deviene de la plenitud del alma. La plenitud de espíritu parece aun más lejos, sino no estaría escribiendo este artículo.

Pareciera que abandonar los sacrificios hechos para adquirir una falsa "póliza de seguros", y lanzarme a la realización plena individual y familiar, sería lo más acertado, pero, "saltar al vacío", es un costo alto y angustiante, con un final incierto y riesgoso.

La vida no da garantías.

En fin, elucubrando en esto antes de dormir, haciendo un balance de mi insatisfacción diaria, (¡como para no sufrir de insomnio!), abrí la Biblia "casualmente", (o "causalmente"), en el pasaje que dice algo así como: ".... esos sacrificios son sacrificios para el altar de los demonios. No se puede servir a Dios y a los demonios. No puedes compartir la mesa de Dios y la de los demonios. ¿O es que acaso quieres enfadar a Dios?".

Ya estoy grande para que me asusten con la amenaza "vas a ver cuando se entere tu padre", y hace tiempo que comprendí que el Temor de Dios, tiene más que ver con el daño que yo misma puedo provocarme o provocar a los que amo, incluyendo a Dios, claro.

Si Dios es amor, todo lo que amo es Dios. Aunque Dios sea mucho más "que la suma de las partes".

Lo que evidentemente la causalidad me hizo resignificar ayer, en ese texto tantas veces leído, es que, cada día de mi vida, estoy ofreciendo sacrificios a "los demonios", y eso me impide llegar a mi plenitud.

El soportar injusticias, el trabajar en condiciones inadecuadas y por un magro salario, el cerrar los ojos a la impunidad, al maltrato laboral, social, nacional, personal, entre tantos otros ejemplos, nos aleja de esa "mesa de Dios", (de las sanas costumbres de la valentía y del compromiso con la dignidad, la vida y la plenitud; del bien común, de la libertad, de la justicia).

Estar lejos de las "sanas costumbres" nos vuelve inseguros, frágiles, impotentes. Y es nuestro Ego el que trata de teñir la vida de rosa.

Reniego de aquellos que atacan al pobre Ego, que se empeña en echar mano de las ilusiones e imágenes, para convencernos de que vamos bien. La vida es movimiento y ciertas realidades pueden paralizarnos. ¿El Ego es acaso culpable de mantenernos vivos?.

Claro, existen varios problemas cuando el criterio de realidad se "tiñe de ficción", por ejemplo, podemos estar caminando por una cornisa, con un montón de enemigos tratando de empujarnos, convencidos de que vamos por un precioso campo lleno de flores y que la gente corre a abrazarnos.

Es que el Ego cree que es mejor no saber, convencido de que cuanto más nos ilusione, más seguros, fuertes y felices nos hará sentir.

¿Acaso esta la mentira no es fórmula que sostiene a muchas parejas, familias y hasta naciones?. Hace falta citar las típicas frases, "lo hago por tu bien", "no sos vos, soy yo", "me quedo porque el pueblo me lo pide", "yo soy la única pesona que puede salvarlos", "Dios me dijo.....", "esta es la única religión verdadera", etc.

Si estamos convencidos que la mentira no es el mejor camino, es hora de emprender el cambio.

Pero aun con plena fe en Dios y en uno mismo, que sería el mejor de los escenarios, nadie garantiza que el trayecto resulte ameno y que los costos no debiliten nuestra alma, nos quemen con la tristeza, y dejen profundos "agujeros negros" en nuestra existencia.

En síntesis, aun sabiendo que seguir como pasajeros en el "tren de los demonios" nos debilita para lograr lo que deseamos y nos aleja más de lo que necesitamos; saltar al otro tren, es un momento y un espacio de vacío, (distancia entre ambos trenes), que no garantiza el arribo a ese otro tren, ni los daños de esta "proeza de trapecista aficionado".

Por eso, muchos estamos con "la ñata contra el vidrio", en el tren de los demonios, mirando para afuera, esperando que lo de adentro, que nunca cambia, duela menos. Gran oportunidad esta, para los oportunistas, que abusando de nuestra necesidad, se ofrecen como "intermediarios" para cambiar la realidad, y terminan esclavizándonos.

Mientras tanto, vemos pasar los vagones del tren de la felicidad, tras una nebulosa que nos impide comprobar si el otro tren está ahí como nos parece, cuántos vagones tiene, cuál es la distancia y cómo es el camino hasta él.

Empresa inhóspita, incierta, confusa la de saltar al vacío.

Cada uno de nosotros, (los que aun no despegamos la ñata del vidrio), necesitamos develar cuál es el estímulo correcto para animarnos a dar ese salto.

Para el "consuelo de los tontos", el "mal de muchos" es que todavía no pudimos cumplir el "mandato de Séneca".

Por eso, el título de este artículo es: "El Ego, no es sonso" (o zonzo, como algunos lo escriben).

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